Vivir del campo

Son muchas las personas, las familias que viven del campo, la agricultura siempre ha sido la base de la economía tanto en pequeñas aldeas como en grandes pueblos, antes de las grandes industrias, los polígonos industriales y las calles llenas de comercios, todos o casi todos vivíamos de lo que nos daba el campo. Los temporeros recogían las cosechas, los agricultores cultivaban huertas de las cuales posteriormente salían las hortalizas que todos hemos llevado a la mesa. Los ganaderos alimentando a sus ganados con el único fin de que crezcan sanas y fuertes para que su leche sea de las mejores, su carne jugosa y su vientre buena cuna para futuros hijos.

Eso sí que era buena vida, apacible, tranquila y muy satisfactoria. Se trabajaba y mucho, pero el resultado era asombroso, cultivos impecables de cualquier cosecha, de cereales, de uva o de aceituna, los rebaños de ovejas o las vacas y los terneros, las gallinas y los cerdos, todos importantes, todos para todos. Entonces no había tanto como ahora, antes nos conformaba, os con mucho menos, ahora si las aspiraciones también eran otras, las mujeres no salían, de sus casas a los campos y de vuelta a casa, los hombres trabajaban en los campos y araban con cabezas de ganado y arados manuales.

Hoy todos vamos a lo nuestro, todos miramos por nuestro beneficio propio, los que pueden tienen vehículos que les ayudan a sembrar a cosechar y a mantener sus campos, hoy todos usan los desguaces de tractores para repararlos y así poder desempeñar su trabajo en buenas condiciones.
Que distintas habrían sido las cosas si antes hubieran existido todas esas ventajas, cuanto sudor se hubiera ahorrado, cuantos dolores de espalda y de cabeza, cuantas lágrimas no se hubieran derramado de haber tenido unas ayudas como las que hay ahora.

Cada vez quedan menos ganaderos y menos agricultores, cada vez quedan menos porque los gobiernos no les ayudan a poder salir adelante, no les dan subvenciones ni ayudas económicas cuando la cosa está mal por el tiempo o por las lluvias que no llegan, todo son gastos y los pocos beneficios son escasos porque se ven obligados a vender sus productos a precios irrisorios, una verdadera pena si nos ponemos a mirar que miles de familias viven de lo que les da el campo, de lo que les da la naturaleza y de lo que obtienen trabajando de sol a sol.

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